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miércoles, 29 de febrero de 2012

"I dont wanna miss a thing" de fondo.


Maria pidió permiso a mis papás e insistió tanto que me contagió esas ganas de salir.  Éramos cuatro, ella, yo,  su novio  y el amigo del novio. Ese amigo de Diego, el que veía Tania todas las mañanas en la combi, el mismo que le guiñaba el ojo y tenía brutas a algunas … de su calle.
A algunos años de esa “cita” aun no sé si fue planeada, o si fue casualidad o una parada obligada en el camino de mi vida.
Roberto, Roberto el amigo de Diego, traía el cabello a la barbilla, castaño, de ojos cafés y una cicatriz en el labio… Me llevaba varios centímetros aun con tacones y un par de años, yo estaba por entrar a la universidad.
Maria y Diego, tenían la bonita costumbre de pelear todos los días, en el momento menos indicado.  Ese día no fue la excepción. Estábamos los cuatro en una mesa, y ellos empezaron a discutir; con esos silencios incómodos, Roberto y yo hicimos plática… Fue esa misma noche que Roberto le dijo a Maria: “Tú amiga en serio me interesa”.
A Roberto lo perseguía una reputación forjada con años de “relaciones” y miles de momentos con infinidad de mujeres, mayores por cierto y… otras cosas,  me enteré que quería ser stripper,  pero nunca se le hizo. Y así fue como con una lista de advertencias empecé a salir con él.  Roberto era de esos tipos que sienten que cualquier mujer puede estar a sus pies, que nunca llaman y menos insisten… Pero que cargan con una que los hirió.
Mis días en la preparatoria eran contados y por esa razón (no por él) la situación en sí, hizo más inolvidables las últimas semanas… y claro por ser María una de mis mejores amigas. Esas salidas en las noches, a comer tacos se hicieron frecuentes; María, Diego, Roberto y yo… Nos hicimos “algo muy chido” etiqueta que Roberto quiso poner a lo que teníamos, se le salían algunos “tequieros” y para todos los demás éramos novios. Acordamos de una manera muy relajada, no molestarnos, no  llegar  bajo ninguna circunstancia a la situación de nuestra pareja de amigos…
Fue apenas a unas semanas  de comenzar que llegó con boleto en mano para irse a Cancún, por esos días aun me perseguía la “maldición” gitana del “Chico en Fuga” como sería bautizada por una de mis amigas meses después . Apenas había empezado todo y se le ocurre  largarse, bonita cosa. Y la verdad es que no me cayó tan de sorpresa. No era la primera vez que me pasaba y tampoco fue la última.
Volviendo al punto, Roberto era de esos tipos que las mujeres de las casas colindantes le habían hecho creer que el mundo no lo merecía, y yo lo sabía no porque así lo haya conocido, si no porque mi amiga Tania, que vivía a unos metros de su casa, también se había encargado de eso. Ella reaccionó con asombro ante la noticia de nuestra relación y no paso a mayores.
Lo vi un día antes de irse, me esperaba distraído … Jeans, gafas oscuras, playera blanca en medio de la luz del sol que hizo más castaño el color de su cabello. Y me resigné a que era la última vez que lo veía…
Cuando él estaba en el aeropuerto a punto de abordar el avión, yo estaba en el que fue mi último salón de clases en la preparatoria hablando con él por teléfono y haciendo dibujos imaginarios con mi dedo en la ventana… No me sentí triste, fue algo extraño, era poco tiempo de conocernos y no era para tanto. Di el asunto por terminado sin decir una palabra, dando por hecho que él también lo haría, pero siguió haciendo llamadas breves…
Pasaron algunas semanas, y pensar en él no era tan constante. La idea de buscar; universidades, becas, exámenes, no me había dejado mucho tiempo… y uno de esos días… cuando casi anochecía llamó Maria, para preguntar dónde estaba… Minutos más tarde estaban Diego, Maria, Roberto y un Fulano afuera de mi casa. Roberto dejó esos hombros altos y gruesos olvidados en algún lugar de Cancún, llegó con 10 kilos menos de peso y sin poder probar una gota de alcohol… nunca supe a ciencia cierta porque. Pero él siguió con su obsesión del gimnasio para recuperarse y tomando litros y litros de agua.
Roberto me robó por momentos breves el pensamiento, fue el chico al que siempre vi a deshoras por su trabajo, fue un beso de despidida con una canción popera de fondo que casi me hace llorar, fue una de esas cosas muy chidas e intensas que no se olvidan tan fácil.
Por todas esas horas en su auto, por ese beso clandestino con el que inició todo, por las llamadas de larga de distancia, los mensajes, las estrellas de papel…
Desapareció de mis días de momento y supe que no volvería, pero para sorpresa mía, volvió para pedir “tiempo” con tranquilidad lo despedí sabiendo con certeza que eso no era tiempo, si no un final.
Este fin de semana lo encontré  trabajando en un Pub, misma complexión, menos gimnasio, cabello no tan largo, misma mirada y la misma cicatriz en el labio inferior… Nos abrazamos por todo el tiempo que no nos vimos… Preguntó por el afortunado como para cerciorarse de que no hay nadie, me pidió mi número para nunca marcarme y tal vez lo vea otros cuatro años después. 

martes, 27 de diciembre de 2011

Ojos Marrones...Y cuando todo se acabe, y se hagan polvo las alas…




Esa canción de Pedro Guerra se grabó de música de fondo… tanta confusión y tan de golpe.
Mi amiga, mi iniciadora en el cine local lo señaló como ha señalado muchos de mis caminos… Fue así que lo vi por primera vez.
Lo conocí en Noviembre como buen cáncer  en mi vida y por la misma razón me inquietó con su energía… -Periodista- Bastó saber su ocupación  para voltear otra vez la mirada… y luego saber todo lo demás. “Periodista, cuentacuentos, malabarista, sociólogo y trovador” tantas pasiones y en una sola persona.  Lo de malabarista lo supe después de la primera charla breve. Todo transcurrió en un rodaje. Cosas del destino.
Entre todos y de pronto él. El que casi  no hablaba con nadie, me subí a su auto sin buscar nada, sólo mi equipo de arte; Dos amigos, una maleta, metros y metros de un tendedero onírico, idea del director. Supe su nombre y su ocupación para hacer platica  y luego de la cajuela sacó unas clavas…
Fue en ese mismo viaje (creo que una producción es un viaje aunque uno no tenga que cambiarse de sitio) que le tocó llevarme por unas lámparas a un cafecito del centro de Puebla… era Sábado y para no variar las calles estrechas estaban llenas de autos que avanzaban más que lento… Ante eso, platicar con el nuevo conocido... Y así lo supe,  también es escritor y de la novela de su propia vida en el sentido más literal de la frase.
“Yo también escribo”. Cuenta la leyenda y los amigos en común, que esa frase que salió de mi boca fue el mantra mágico para atraer la atención del periodista. Ese día le confesé que ese café donde toca me parecía el lugar más aburrido de la tierra sólo con verlo de lejos… que la trova me daba sueño hasta que mi papá puso un café y le  tomé cariño por los buenos recuerdos.
Al siguiente día, fuimos por vino,  así fue que platiqué con él… Ojos marrones y grandes, cabello rizado y castaño, compartimos una cerveza y hablamos… y si, como siempre con él, el tiempo se pasó volando así que me fui.
28 años, me llevaba 7 … y yo creyendo increíble tanta afinidad con ese nuevo escritor…  Y después de ese día varias invitaciones que no pude aceptar por falta de tiempo, pero por fin un día lo vi… Yo insistí en una amistad increíble donde la charla se extendía mientas las horas se agotan a prisa… falté a una clase por el gusto de ese primer café y así se nos hizo costumbre hablar y hablar tras un café, compartir textos y compartir pedazos de nuestras vidas en esos escritos, horas de conversación por chat.

Compartimos gustos musicales, gustos en la comida, en los escritos y en las películas… Nos contamos nuestra vida poco a poco como si nos conociéramos de siglos atrás… Me llevó a su lugar favorito donde pensar y fumar un cigarro… Conocí a la “Princesa de Largos Cabellos” después de contarle una historia de esas que se vuelven a vivir con todas sus sensaciones al narrarse y hacen reír y llorar como toda historia completa.

Y entre tanto café y tantas letras, nuestros labios se encontraron un sábado de Enero,  por la tarde… una sensación de mareo invadió mi cuerpo y el suyo, sentir tanto y tan de prisa me causo un caos enorme… Y también se me metió una duda en medio de la cabeza, así también empecé a darme cuenta que quizá había dejado un capitulo abierto en mi vida… Y yo no quería voltear ni tantito la mirada…
Nos hicimos novios compañeros de café oficiales en un Café Plaza, era tarde y él llevaba el cabello recogido en una coleta, y las mejillas rojas del sol de la tarde después de cubrir algo así como un plantón. Rápido me acostumbré al olor de su vida, una mezcla del día y de esos sitios que recorría… al aroma de su casa y el mate, a los recuerdos sembrados en todos los rincones de esa casa sepia como sus ojos.
Me acomodé a sus brazos, a su piel y a sus manos… Después de que ni de broma me veía con él.  Me acostumbré a su trova de los viernes por la tarde, a la profundidad de su voz y su sonrisa mientras cantaba… “Un Vestido y Amor” esa canción que es de mis favoritas tuvo el detalle de volverla la música con la que a veces lo recuerdo.  
Consiguió un jeep para que yo lo manejara… Agregó canciones increíbles al soundtrack de mi vida… me dejó a Drexler y a Guerra y Quien Fuera de Silvio, entre otras cosas…
Y al final terminamos, y si, fue un final de esos que duelen y yo no quería soltarlo y él no quería soltarme, pero yo sabía que era hora, él tomó la decisión y cuando se arrepintió, yo la reafirmé. Mi cabeza era una gran telaraña con forma de duda, mis recuerdos y los suyos chocaban entre sí, y mi carácter combinado con el suyo hicieron de todo un gran lio… y lloré muchísimo por no saber mi sito en la vida… y lloró no sé por qué. Ya de amigos, me dejó estar con él tras la muerte de un mejor amigo… y no todos tienen la fortuna de conocer seres tan humanos, que sienten tanto.
Yo lo quiero como un hombre de esos que hay pocos y que se sabe fácil que valen la pena, porque además es un ser humano maravilloso que no fue sacerdote porque se decepcionó de la religión a tiempo... por enamorado y de una mujer.  Porque además es de esos que piensan que “El espíritu de un guerrero no se mueve por dinero” porque  es un tipo de convicciones, porque después de este reciente golpe, aun tiene la sonrisa optimista.
Al final sé de él que es de esos que entregan todo… y que dice “Vale la pena darse en la madre” a pesar de que algunas veces no le ha ido muy bien.
Y aunque sólo somos amigos, puede sentarse a platicar conmigo horas, otra vez, a pesar de que le diga que vivo en el limbo y que él diga que yo no le hago caso.
Y estar con él fue un aprender constante, una evolución en mi vida, una forma nueva de compartir. Uno de los mejores y más increíbles capítulos de mi vida.

  Y Ahora que te escucho y sé que no estás tan bien como pretendes… casi no sé qué decirte… Sólo que sepas que te quiero, y que puedes contar conmigo como yo he contado contigo aun cuando menos lo espero… Y que esta mala pasada pase pronto… porque como tú dices al final siempre llega la luz y tú a pesar de todo, siempre vas a tener los Ojos Marrones  más lindos del mundo.
Recuerda “El Cable a Tierra”.

lunes, 4 de abril de 2011

Gracias por decirlo…

<<“Por favor ya no me busques” La verdad es que no puedo evitar que a mí me suene irónico. Que TÚ me busques para decirme que no te busque. Que de tu boca ahora salga esa frase que tantas veces repetí casi suplicándote. Hace tiempo dejaste de sorprenderme. Hace tiempo, no tanto, pero si ya tiene un rato que decepcionarme más de ti…  es imposible, todo tiene un límite. Creo que ya de ti ya nada, o casi nada me sorprende.>>



Cuando tenía 18 estaba cerrando un ciclo, que pertenece a otra historia, por esos días me presentaron a un vecino que me gustaba “secretamente”, un niño de ojos grandes, cabello rizado que olía a verano, de sonrisa perfecta, de ideas firmes o eso pensé… me llevaba dos años y cruzamos palabra por primera vez en el cumpleaños de mi casi hermanito. Un par de niñas andaban tras de él, menores que yo… recuerdo que desde la primera charla a media noche entre los conocidos de vista, donde él me hizo platica, porque yo no le hablaba a nadie, me dijo que quería tener una novia para salir a todos lados, para presentarle a sus papás. Me di cuenta de inmediato de que éramos opuestos, había varias opiniones que no compartíamos, en ese entonces él parecía tener “planeada” su vida; con hijos, esposa, casa y coche a mediano plazo que a mí me parecía cortísimo, además de un disparate.
No me llevo demasiado tiempo enamorarme de esa piel pálida, y esos ojos enormes que me miraban fijamente en medio de un montón de gente, para mí todo estaba dicho, era la explicación perfecta para dar fin al capítulo anterior, era la forma de descubrir en mi hasta donde podía cambiar mis planes, solo por compartirlos. Me enamoré de sus manos blancas, de sus pies y sus lunares, de la forma infantil de sus labios, de su forma de besar.

En los primeros meses que salimos y en los primeros meses de novios, todo, por lo menos para mí fue perfecto, andábamos juntos los fines de semana, y diario al final del día corría a mi casa, mientras planeábamos no vernos tan seguido. Le urgía presentarme a  sus papás y a mí me daba pavor al asunto familiar, sin embargo con ellos también me encariñé. Pronto conocí a los abuelos y a los primos… y creo que pronto todo cambio.
Compartimos varios atardeceres platicándonos nuestras vidas, discutiendo tanto nuestros miedos. Las primeras veces como un asunto casual en el que él pasaba por mi casa, bien vestido, de mocasines blancos y ese chaleco rosa que amé por varios meses (a veces es  curioso cómo se pueden hacer vínculos con objetos que ni nos pertenecen). Nos sentábamos a platicar nuestros días, los planes, y demás asuntos que pensamos y no pasaron.
Salíamos cada que se podía, una que otra vez me sorprendió llegando a donde sabía estaría. Sin duda era un chico lindo, que parecía tener bien plantadas las convicciones, no encontré pretexto alguno para resistirme a que tomará mi mano, o que nos abrazáramos tan tan fuerte que queríamos desaparecer en un solo latido. Varias veces se nos hiso tardísimo discutiendo “moralidades” o escuchando música de nuestros celulares.
No recuerdo haber sentido antes, tanta seguridad en alguien. De pronto, aquellos pretendientes que no me desagradaban se volvieron invisibles, ya que todo para mi estaba puesto, sólo era cuestión de dejar atrás los nervios y comenzar algo nuevo. Un día él me acompañó a la presentación de un proyecto en el que participé, la espera se hizo larga y de pronto por fin me preguntó si quería ser su novia, y así empezó todo; la mejor ilusión que tuve, lo más seguro de mi vida, perfección que parecía imposible, entre canciones melosas y de mal gusto, pero nadie lo notaba.
 Ese chico de manos gruesas, y sonrisa inocente, cautivó a todos y cada uno de los miembros de mi familia, no había diferencia grande de edades, y según todos, a leguas me adoraba, yo confiaba en él ciegamente, por primera vez amaba a alguien y me sentía correspondida a tal grado que sentía que mi vida, era el camino mejor trazado.
Algunas tardes veíamos películas, me acompañaba a las reuniones familiares en el Cabrio blanco que su papá nos prestaba, todo era perfecto. Estuvo presente en uno de los encuentros más difíciles de la familia, la muerte de mi abuela y así por consecuencia, mi familia paterna se acostumbro a verlo ya en otros asuntos menos tristes.
Recuerdo una temporada de lluvias intensas que provocó un charco enorme al final de la calle, y conforme iba pasando la noche, los sapos empezaban a croar, cual presagio. Creo que fue en una de esas noches que entre miradas cercanas y canciones  él descubrió un corazón marcado en el pavimento como una casualidad, afuera de mi casa… Seguro que en uno de esos días también platicamos de “Los Años Maravillosos” la serie, y con una llave marcó las iniciales de Winnie Cooper y Kevin Arnold. (Asunto que me da un poco de pena, ya a estas alturas.)
La primera de nuestras peleas grandes nos hizo terminar… fue en verano, y esa extrañeza que a veces uno percibe queriendo encontrar una explicación apareció, hasta que estalló una noche antes de ir a Six Flags. Una llamada telefónica de esas en las que sobran los silencios me sacó de quicio. No podía esperar toda la noche para saber lo que ocurría, entonces salí de mi casa y caminé a la suya, toqué el timbre y salió, quería sacarle las palabras de un solo golpe, quería que me explicara algo y no pasó nada.

Me regresé con la misma duda con la que salí de mi casa y él se fue de antro… al otro día lo dejé a propósito, no quería encontrar un “no” como respuesta y me fui con mis hermanos al punto de reunión, era un viaje entre primos, y en ese tiempo que llevábamos de novios ya tenía la simpatía de mis tíos y mis primos, por lo tanto cuando llegué sin él todos se sorprendieron. Él me mandó un mensaje reprochando que no lo había esperado y uno de mis primos fue por él a su casa. Vaya cosa! Parecía que yo tenía la culpa de todo.
Ese día fue pésimo, yo quería divertirme, y que todo se arreglara, pero él se negaba a tocar mi mano, me sentía la persona más tonta del mundo y con un enorme nudo en el corazón que me mantuvo llorando por tres días o más. Después de varios intentos fallidos se me agotó la paciencia como suele ocurrirme, sin que yo supiera leerle el pensamiento, no logré entender que pasaba y concluí que todo se había ido al carajo, justo al momento de cortarlo, muy al melodrama, me regaló un peluche que había ganado en un juego, decidí divertirme, pero aun traía el corazón hecho pequeños nuditos que no se desataban ni con todo el llanto del mundo, quería desaparecer de pronto y llorar a mis anchas sin que nadie me viera.
Fueron  dos horas del DF para Puebla en las que el llanto no se acabó, yo escuchaba a una de primas, hablarme de todo, de que viera como él sufría por mí en el asiento de adelante.
Pasaron dos días y ante mi llanto insistente que no podía disimular, todo mundo conspiró para nuestro regreso incluida su madre que en una llamada telefónica, me preguntó qué pasaba y me hizo ver que los dos estábamos extrañándonos. Entonces bajo consejos de la gente de nuestro alrededor, vino a verme con el pretexto de entregarme algo mío.  Era de noche y casi sin dar la cara, sin poderme ver a los ojos y a punto de llorar, me explicaba su miedo, y sus celos infundados, por mensajes de alguien que yo ni conocía, para mí él era el único sobre la tierra, mi complemento, y se lo expliqué, no fue fácil volvernos a abrazar y que de pronto todo quedara disuelto en ese abrazo. Pasó un buen tiempo para volver a pelear, pero él día llegó.

El entró a trabajar y con eso  nuestra relación empezó a caerse… con el coche nuevo le aparecieron los amigos, los amigos que le presentaron a las amigas, le aparecieron las dudas de tener una vida estable y le llegaron unas ganas locas por conocer más gente… Pero eso yo no lo sabía.
Todo se complicaba, le descubría mentiras, de repente discutíamos, y no nos hablábamos…
De alguna manera, muy extraña, me acoplé a su impuntualidad, pero un día las cosas empezaron a percibirse distintas, cambió tal vez la luz de su mirada, o no sé, pero una sensación a mi me decía que algo no andaba bien, tuvimos varias peleas en una de esas azoté la puerta de su coche y él me gritó algo que no alcance a escuchar, otra pelea fue un día que pasó horas bloqueando mis llamadas, hasta que contestó una voz de mujer y colgaron rápido, y aun así lo “arreglamos”, al final yo creía en él y no tenía ningún motivo lo suficientemente fuerte y comprobado, para estar segura de que me engañaba.

Pero un buen día, que al principio me pareció pésimo, todo se aclaró y ese día lo agradezco con el alma, descubrí sin lugar a dudas que me engañaba con una chica que negó al principio, en uno de esos rompimientos de una semana, la vi con él, me puse como loca, una paranoica que no quiero volver a ser, y cuando tuve que tomar la decisión la tomé. 

Los días con él fueron un rato inmenso donde todo era colorido, las noches se pasaban rápido y confieso que fui la más asquerosamente cursi sobre la tierra. Pensé con el alma entera que mi vida era al lado de él (qué bueno que no). 

Abril fue un giró inesperado, un giro de ocho meses, y los que le lloré sin que supiera... ya en los últimos días del año, fue en uno de esos que mi madre me dijo cuánto me admiraba por ser firme en mi decisión y yo lloraba desconsoladamente, sin si siquiera la más leve intención de regresar, aunque él se valiera de todo a su alcance hasta recurrir a mi madre…
Meses después, o quizá un año después ya sin dolor aparente, volvimos hablar algunas veces, en las que me contó lo que me hizo estar segura que él no era el hombre de mi vida, a pesar de insistir.

Y así volvimos a terminar mal. Me quedé con el último recuerdo de su inmadurez, cada vez más extraña, con la claridad de su vida revuelta, de quien ha buscado hasta el cansancio y ahora pide a que no se le busque
Pero hay un buen recuerdo que corresponde a otros años…


sábado, 10 de abril de 2010

Azul y naranja



http://www.flickr.com/photos/paco_calvino/2048517148/in/set-72157610087509356/

Hoy lo vi corriendo entre la plaza… playera naranja y jeans, esa forma de vestir que ha tenido desde siempre. No sé cuando lo vi por primera vez…  él tenía quizá unos catorce, pero no había en mi  mente ni media idea  de la inicial de su nombre. A veces le invente uno. Hoy lo veo y no logro entender porque me fije en él, puede que con el tiempo  haya cambiado.


Los fines de semana lo veía, traía el cabello a la altura de la barbilla y sonreía, vestía y aun hoy viste con colores de playa, mi azul favorito, un naranja intenso y a veces de blanco.


Quizá era una de esas personas que están marcadas en el destino, que tienen paso obligado por la vida de uno… por coincidencia nos fuimos acercando poco a poco sin cruzar palabra, nos resultaron conocidos en común de un momento a otro… Pero no fue así que hable con él.


Un día caminaba sola por una calle que hasta hoy es parte de mi camino común, no recuerdo porque motivo volví la cara, y él estaba justo detrás de mí. Tenía 13 y él 15, lo sé porque hizo 2 preguntas “esenciales”, para iniciar conversación;  Nombre y Edad. Su mamá observaba desde la puerta de los departamentos donde solía vivir.


Lo que siguió fue el número de teléfono, creo que fue en ese mismo año que me regalaron mi primer celular, era de tamaño promedio, es decir enorme para el día de hoy. Un Motorola plateado de ligas intercambiables con colores vivos, casualmente azul y naranja. Recuerdo con precisión que llamó el mismo día solo unas horas después de habernos visto.


 Aquellos días los recuerdo con el cariño especial que ya no le tengo a él, quizá  porque fue mi primera “cita”,  el primer “novio”, el primer beso, o el único chico que me esperaba y veía con una ternura digna de los 15 años, misma que se pierde conforme la adolescencia va pasando.


La primera vez que salimos la recuerdo con un sudor intenso en mis manos, con la lengua atolondrada de no tener un poco de noción de las palabras que tenían que salir de mi boca, fueron como dos horas… y así pasaron muchos días de vernos cada tarde, quizá un par de meses, hasta que por teléfono intentaba decirme lo que yo sabía de sobra. Me parecía divertido fingir demencia cuando intentaba que yo adivinara sus pretensiones conmigo, así pasamos horas al teléfono… él daba señales y yo me hacia la despistada.


Era claro que me agradaba, lo veía jugar fut en el parque con un playera ¾ del Italia, a veces jugamos a las escondidas con sus primos, a veces intentaba enseñarme kick boxing. Quería ser su novia, pero no tenía idea de “eso” como para qué servía, así que le di largas…  casi eternas.


Hasta que un día tomé la decisión, le dije el Si tan esperado…  y nada cambió entre nosotros;jugamos escondidas, caminábamos, seguíamos a su hermano que tenía un negocio de tatuajes a todos lados, veíamos alguna película, pasamos algunas tardes juntos, platicábamos quiensabeque. Me volví casi su hermana en el momento en el que su mamá se encariñó conmigo, iba por mí para ir a hacer  compras, para invitarme a comer a su casa, para peinarme, para que los acompañara a dondesea… es que no él no tenía hermanas.


El día que terminamos me sentí muy triste y deje de verlo casi por evasión y decisión propia, porque hasta hoy nos topamos seguido por la calle. Hasta que un día su mamá en tan acostumbradas visitas volvió para invitarme a su casa, aunque yo creo que fue para interrogarme y hacer labor por su primogénito, insistió varias veces hasta que logró convencerme, fue así que volví a verlo y fue así que regresamos… otra vez como al principio insistió, y otra vez un día me levante decida a decirle que sí, y así como me había buscado fui a la tienda para verlo, y lo ví en la esquina para decirle que sí con determinación. Me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Soñó demasiado con jugar futbol profesional y por sus entrenamientos casi no lo veía, la situación empezó a aburrirme, daba igual ser o no ser.  Lo había pensado bien y no veía demasiada diferencia en ser su novia o no.


Ese día lo vi llegar con una gorra y con una hoja en la mano, no imagine que había en el papel y yo estaba más segura que nunca de lo que tenía que hacer... lo corté. Él lohabía hecho antes conmigo y no me sentí mal por él porque para mí nula experiencia en amores el niño estaba en una postura de comodidad e indiferencia que me aburrió y por eso no logro entender  cómo llegó a la conclusión de que yo con catorce años era el amor de su vida, según el dibujo que me dio ese mismo día y que quiso que viera a solas.


Después de esa noche nos volvimos muy buenos amigos, aunque él, pasado el tiempo quería volver, yo no lo descarté, pero simplemente ya no sucedió… fue una temporada corta quizá año y medio en la que fuimos muy buenos amigos, salíamos de nuevo, platicábamos… sobre todo cuando vino una noticia que le puso el ánimo en el suelo, algo había en su corazón que tuvieron que operarlo, se deprimió mucho porque ya no habría más futbol … su mamá fue a verme para que lo sacará de su casa y se distrajera y así fue, lo ayude a comer helado para el desanimo, y él hizo su último intento por volver conmigo, pero además de parecerme inoportuno empecé a verlo como un buen amigo.


Hoy lo vi corriendo entre la plaza como un loco, me reí… luego se detuvo en la esquina y me sonrió, y empezó a correr de nuevo en sentido contrario, la razón era una chica de cabello negro y largo alejándose de él, su novia. La escena me pareció tan tierna, que espero que lo hayan perdonado y es que hoy después de algunos años no lo vi tan engreído.